|
|
A muchos de los que venimos por primera vez a San Agustín nos debe ocurrir la misma experiencia. El gran legado arqueológico no se encuentra reunido en un solo lugar, sino que muy por el contrario se esparce por alrededor de más de 500 kilómetros cuadrados.
No basta un fin de semana con día feriado y talvez hasta una semana pueda quedar corta para visitar cada una de las reliquias Patrimonio de la Humanidad que se ubican en este rincón del sur colombiano. |
|
Los parques arqueológicos de San Agustín, del Alto de los Ídolos y del Alto de las Piedras, estos últimos en el vecino municipio de Isnos, conforman los principales puntos donde el turista puede apreciar la mayor cantidad de arte monumental y funerario.
Imperan todo tipo de tumbas, con estatuas talladas en piedra de gran volumen –algunas con más de cinco metros de alto- y varias toneladas de peso.
|
|
|
Es, diríase, sólo la mitad del tesoro agustiniano. Los sitios de La Pelota, El Purutal, El Tablón y La Chaquira le aguardan al visitante con agradables sorpresas. Cuando uno cree haberlo visto todo, cada lugar rompe la imaginación con algo nuevo y único, y los ojos parecieran no colmarse jamás. |
|
|
Y el estrecho del río Magdalena, y su valle, y la laguna donde nace. Y los sepulcros de Obando, y las cascadas de Bordones y Mortiño. Podría quedarse uno a vivir en estos terrenos ancestrales y nunca se terminaría de descubrir. El asombro humano aquí es inagotable.
San Agustín es un mundo distinto, al que no estamos acostumbrados y el cual se debe recorrer con paciencia, para el pleno deleite de los sentidos y el espíritu. Acercarse a cada lugar sagrado es ya una experiencia. Algo ocurre al interior de nuestro cuerpo con tan sólo arrimar a una entrada y observar a lo lejos las esculturas. |
|
|
Encontrarse frente a frente con jaguares, aves y serpientes eternizados en moles de piedra, mirar directamente a los ojos de los guardianes y chamanes de las tumbas y pisar los terrenos milenarios de la cultura agustiniana es trascender a otra esfera.
Y no exagero. Quien quiera abrir la mente y penetrar en cuerpo y alma a San Agustín cambiará toda su visión acerca del Universo. Incluso descubrirá que la piedra tiene vida propia, que el valle habla y que el Magdalena ruge.
También existe otro recorrido, en el que como en un museo se observa, se admira y se sale. Aquí recomendamos el primero. |
GALERİA
|
|
|
|
|
|
Balcones de la Hacienda Hostal Anacaona.
|
Camino de piedras en el Parque Arqueológico de San Agustín.
|
¡Una calavera! en el sector de La Chaquira
|
Chamán en policromía. Sector de El Purutal, San Agustín.
|
|
|
|
|
|
|
Chamán o deidad en policromía. Sector de El Purutal, San Agustín.
|
Deidad central con niño en brazos. Paraque Arqueológico de San Agustín.
|
Dolmen con guardianes que sostienen hachas. Parque Arqueológico de San Agustín.
|
El poder de La Chaquira
|
|
|
|
|
|
|
Elaboración de lámparas con fique y totumo
|
Entierro primario con sarcófago, para la alta jerarquía. Parque Arqueológico de San Agustín.
|
Santuario de El Tablón San Agustín.
|
Estatua en el Alto del Lavapatas. Parque Arqueológico de San Agustín
|
|
|
|
|
|
|
Estatuario Mesita B. En primer plano, El Partero. Parque Arqueólogico de San Agustín.
|
Estatuario sector de La Pelota, San Agustín
|
Estatuas en el Museo Arqueológico de Obando.
|
Nacimiento del río Magdalena, en el
|
|
|
|
|
|
De lámparas de totumo y manillas de marihuana
|
|
San Agustín, San Agustín, San Agustín…, es tierra de todos y para todos. Sorprende al caminar por sus calles coloniales descubrir tantos ojos y cabellos pertenecientes a otras zonas del país o incluso de Latinoamérica o el mundo. A los extranjeros les encanta y a los nacionales nos fascina. Cualquiera puede encontrar una razón de peso para quedarse a vivir aquí.
Puede decirse que todo agustiniano es un artesano. Pero a su vez un operador o gestor turístico. Muchas personas encuentran su sustento ofreciendo distintos servicios de guía a todos los atractivos turísticos de la zona, de alquiler de caballos y transportes y hasta de hospedaje y alimentación.
He aquí algunas de sus historias. |
|
Radiante y fresco gracias a una buena ducha de agua fría, salí del Hostal Anacaona por la ruta que va hacia el pueblo, cámara en mano. Agradables sorpresas me depararían los siguientes días, y lo sentía. Lo sabía.
Medio kilómetro adelante un artesano trenzaba tiras de fique mientras otro pulía unos totumos. Entre juntos arman unas lámparas originales, muy bellas. En San Agustín es característico esta clase de oficio en el que se utilizan materiales autóctonos para la fabricación de muebles, elementos para el hogar y diversos accesorios. Los comedores de Anacaona, por ejemplo, son de mimbre y en sus habitaciones reina la guadua. |
|
|
Trabajaban en el recibidor de su humilde casa. A su lado, un gran rollo de fique y otros retazos se hallaban dispersos. Uno de ellos, un joven muy tímido, con las palabras suficientes me enseñó la parte trasera de su vivienda donde se guardan decenas de metros de fique en proceso de secado. Más tarde me enteraría de que él hace parte de una casta de reconocidos artesanos y que dos de sus familiares, también en el oficio, son ciegos. Seguí mi camino.
Dos “locos” –o “parceros”, como llaman en varias regiones de Colombia-, me interceptaron al notar que tomaba fotografías. Los dos son de cabello largo y apariencia hippie, y llegaron a San Agustín hace dos meses. Uno es peruano y el otro paisa. Se conocieron en la carretera, “echando dedo” –el famoso “auto stop”-, y ahora tejen manillas y collares con todo tipo de materiales, principalmente de semillas secas. |
|
|
Conocí su historia porque el peruano quería que le comprara un manilla hecha de fibras de marihuana y de paso, conseguir unos pesos para una botella de guarapo. Me sentí impulsado por su textura verde y la idea tonta –para mí rebelde- de alardear de la manilla en mi muñeca.
No lo hice. Preferí guardar el dinero de las compras para después y por lo pronto me aguardaba la primera sesión del Congreso Internacional de Turismo Arqueológico, en Hotel Yalconia. De todas formas pensé que era muy temprano para beber. |
|
|
|
|
A la salida del Yalconia, un par de ancianas se encontraban sentadas en el andén. A su lado exhibían varias artesanías mal organizadas. Gerardina Hoyos estiró la mano y me ofreció una pequeña piedra grisácea que lucía una lagartija hecha de algún material maleable, parecido al plástico.
La secundó su compañera, María Aurora Cerón, quien a dos manos desenvolvió con agilidad una tira de pequeños figurines en yeso, réplicas del estatuario de San Agustín. “Son como para un pesebre”, pensé. Una docena por apenas cinco mil pesos, moneda corriente. Sin embargo, su talento como negociante lo echó a perder cuando metió la cabeza entre sus piernas al vérselas frente a frente con mi cámara.
Gerardina sí resultó muy fotogénica. Y una excelente vendedora. Desembolsillé diez mil pesitos, moneda corriente.
Vender artesanías es una forma más de rebusque para ellas, porque la vida no les es fácil. Viven en una casa pobre a las afueras del pueblo. A veces trabajan el campo, que es mucho decir. Más bien, una pequeña parcela. Sus sobrinos Jesús Albán Jiménez y Pedro Nel Jiménez fabrican las artesanías. O las consiguen por canje, o las compran y las revenden. Todo se vale. |
|
|
|
|
A Pedro Nel lo conocí en el Congreso. Aprovechó el evento para hacer sus negocios. Se la rebusca con todo lo que tiene que ver con turismo. Es propietario del modesto pero placentero Hotel Imperio, a 500 metros del pueblo. En una charla inicial terminó obsequiándome una figurita en yeso de una muñequita tocando una flauta, que se encuentra originalmente en el Bosque de las Estatuas, a la entrada del Parque Arqueológico de San Agustín.
Se pilló en últimas que no trataba con una persona pudiente. Así que me propuso cambiarme algunas cosas por ropa, entre ellas un CD ROM con información turística y una excelente galería fotográfica de San Agustín. A Bogotá regresé con unas vasijas de arcilla, un par de pequeños llamadores –figuras con boquillas que funcionan como silbato- y el CD. Y con un juego de chaqueta y pantalón de jean menos. |
|
|
Es un tipo de comercio singular pero normal en San Agustín, que también acepté realizar con el hermano de Pedro Nel. Albán es cuento aparte. En su apretada habitación y sobre una mesa de madera grande, se posan en fila calabazos de formas estiradas, piezas de alfarería, unas botellas de J. Walter y Buchanan’s vacías, piedras donde él señala detalles que hacen pensar que fueron labradas en algún momento de la historia del Hombre.
En una rústica repisa, mantiene aguas de hierbas y me advierte sigilo cuando tomo una en mis manos para observar su contenido. A lado reposan unas hojas secas de frailejón, que trajo de la Laguna de la Magdalena a donde fue como guaquero a ver que se “topaba”. A la tía Gerardina le dio dos hojitas peludas y blancas para que se pusiera sobre la rodilla, que le aquejaba fuertemente. |
|
|
Tras “leerme” el cigarrillo Pielroja que me fumaba y augurarme buen dinero en tiempos cercanos -¿?-, procedimos al cambalache. Me interesaron unas vasijas de barro que él mismo no sabía si eran auténticas o réplicas, sólo que se las cambió a un conocido, situación que aminoró en mí cierto cargo de conciencia porque las piezas originales hacen parte del patrimonio histórico y material del país.
Por unas camisetas, un pantalón y una gorra, Albán me entregó también una piedra de menor tamaño, fina y lisa que se asemeja a un cincel. Y por la simpatía que afloraba, un par de piñitas recién brotadas que crecen en lote trasero. |
|
|
En el Alto Magdalena, donde nace el río que lleva su nombre, se desarrolló una civilización de escultores místicos y enigmáticos que utilizaron la piedra volcánica como materia de arte, y la mente y el silencio eterno para inmortalizar sus obras.
Su testimonio pétreo (se sabe que vivieron esplendor y decadencia desde el año 800 A.C. hasta el siglo XVI cuando se inició la Conquista) está disperso en una amplia extensión del departamento del Huila, principalmente en el Parque Arqueológico de San Agustín. De ellos se sabe que eran artistas natos. Esculpieron estatuas hasta de cinco toneladas, con tamaños que oscilan entre 1,20 y 4,25 metros de altura, con una elaborada simbología hasta el momento difícil de dilucidar; mas, en todo caso, con evidente significado mítico-religioso. |
|
El pueblo de piedra con rasgos bestiales que vemos hoy es la creación suprema de una cultura genuina que representó con fuerza su visión del mundo. Recorrer sus caminos es tratar de adentrarse en su vida íntima sin comprender la reverencia que profesaban a sus sanguinarios dioses, sus temas abstractos de la trilogía jaguar-serpiente-águila o tan siquiera saber sobre sus sentimientos acerca del Sol y de la Luna, de los chamanes y sobre todo de los guerreros profusamente adornados, que con su fiera cara de piedra siempre nos asombran. Entre ellos había una clase guerrera, y también un pueblo de canteros, alfareros, agricultores, constructores, orfebres y comerciantes. Hicieron terraplenes, surcos verticales y drenajes con canales para regular el agua de riego y desaguar los terrenos inundados. Pero, al parecer, su principal ocupación fue el trabajo lapidario. |
|
|
|
La materia de su arte les llenaba el mundo, con abundantes temas que plasmaron en santuarios como el del Lavapatas, tallado en el lecho de una quebrada con figuras humanas y animales que, gracias a un ingenioso trabajo hidráulico parecen animarse al paso del agua por encima de su intrincada red de contornos, canales y receptáculos.
Su filosofía de la muerte los llevó a construir necrópolis, con alguna jerarquización relativa a dignidad, oficio y sexo, con estatuaria acompañante que porta en sus manos objetos relacionados con artes y oficios.
|
|
|
Muchas veces enterraban a sus muertos en el piso de la casa, y una vez realizado el entierro la abandonaban. Sin embargo, tenían una compleja parafernalia de asuntos mortuorios y se han encontrado tumbas desde simples enterramientos hasta elaborados conjuntos funerarios conformados por dólmenes, cámaras y sarcófagos tutelados por esculturas.
La estética de las enormes figuras pétreas era bocetada y después procedían a desbastar las partes sobrantes con martillos, buriles y cinceles. Luego de decorarlas en colores amarillo, blanco, rojo y negro, las transportaban cuando no eran esculpidas in situ, con ayuda de troncos y sogas de fique. |
|
|
Su arte se manifestó también en la alfarería, con diversas tonalidades de rojos, marrones y grises en arcilla. Fabricaron vasijas para ofrendas, copas, ollas, platos y los decoraron con granulado, acanalado, impresión digital, incisiones, corrugado y pintura negativa.
Los agustinianos, que vivían en bohíos de techo de palma y paredes de bahareque, nos dejaron su sangre, esta herencia y, quiera Dios, un poco de su genio artístico. |
|
|
|
CD ROM. Cultura San Agustín. Patrimonio de la Humanidad. Pueblo de Talladores del Alto Magdalena. Colombia (200 A.C. – 800 D.C.).
|
|
|
¿Qué hacer en San Agustín? Remontarse al pasado. Esta región del sur de Colombia es la verdadera máquina del tiempo, se sabe al visitar sus parques arqueológicos y ser testigo de toda una cultura milenaria esculpida en una piedra; se siente al recorrer sus caminos, se respira en el aire mismo.
Como lugar enigmático que es, San Agustín es también propicio para la reflexión, el encuentro con la Madre Naturaleza y con nuestros propios ancestros. Por ello ha surgido una nueva opción para que el visitante pueda adentrarse un poco más en la cosmovisión agustiniana y si se quiere, apropiarse y compartir la misma: el “turismo esotérico”.
|
|
Otros le llaman “turismo alternativo”. Paulo Andrade le dice sin más ni más “esoturismo”. Leo en la tarjeta que me entregó “Turismo esotérico, ecológico y etnográfico. Runas celtas, tarot osho zen, Calendario Maya, I Ching”.
Él es chileno y llegó a San Agustín en abril de 2005. Como muchos extranjeros, se enamoró de estas tierras. Pero no es el único que presta este servicio para el turista. Varios pobladores y expertos invitan a recorridos mágicos en compañía de chamanes, jaguares y deidades en piedra.
|
|
|
No es cosa de charlatanes pero se recomienda precaución y asesorarse con distintas personas y entidades del pueblo. De ahí en adelante, se sugiere abrir los ojos, la mente y el espíritu. En estos territorios confluyen en forma positiva tantos elementos naturales con la huella contundente de un pasado lejano, que ser inmune a su energía es si no inaudito, cosa de necios.
En días de Luna llena es excelente acercarse a los principales puntos. Entrar a los parques arqueológicos es imposible, porque cierran al atardecer. Pero el acceso es permitido en lugares como La Chaquira, con el monumental Valle del Magdalena como telón. Precioso.
Es momento para la meditación y la reflexión; para respirar con abundancia su aire cargado de historia; para posar las manos sobre la piedra, para recibir el viento húmedo que baja del páramo. Para cerrar los ojos y escuchar historias de los lugareños. Para beber una totumada de guarapo y departir cerca del humo que despide la hoguera o cualquier otra cosa. |
|
|
Antes de que el sábado cerraran el Parque Arqueológico de San Agustín, un grupo de jóvenes universitarios arrimó a la Mesita B donde me encontraba tomando algunas fotos con lo que quedaba de la luz del día. Formaron un círculo, se descalzaron y tanto hombres como mujeres desnudaron sus torsos, para recibir un baño de Luna esplendorosa que subía por el occidente.
Respiraron lentamente a la voz tranquilizadora de una mujer. Se transformaron en cóndores y sobrevolaron los valles y montañas, según alcancé a escuchar. Aunque no se inmutaban por mi presencia, me sentí incómodo. Así que me retiré en silencio con mi aburridísima cámara.
|
|
|
|
|
Es una experiencia mística que hay que vivir en San Agustín. Pero hay más. En la zona también hay cabida para el turista que busca aventura y sensaciones extremas, entrar en contacto con la naturaleza, participar de la lúdica y la cultura del agustiniano del ahora y del común, de la rumba y las fiestas tradicionales.
El ecoturismo y el turismo de aventura están en boga. Y la región no escapa al deseo de botar adrenalina del viajero de hoy. Algunos operadores turísticos ofrecen realizar rafting en el río Magdalena, torrentismo, rapel, senderismo y varias modalidades más.
|
|
|
Los indígenas yanaconas que conocí en el Alto del Lavapatas me invitaron a su bazar de integración con otras comunidades nativas de la región. Pero nada de danzas aborígenes en taparrabos. Era un clásico pero humilde convite de “pueblo” en casetas con música bailable, donde vendían cerveza, guarapo y chicha, empanadas y pasteles, dulces y gelatinas, y los consagrados asados huilenses, sancochos y tamales.
Todo ello hace parte de la gastronomía de la región. Y como se trataba de “conocer” me decidí por el plato fuerte, un buen asado huilense compuesto por trozos picados de carne de cerdo. Del origen del animal no había duda. Sus cabezas colgaban en un palo del techo en la improvisada cocina. Igual, bajado con cervecita, delicioso.
|
|
Antes, me deleitaba por los caminos de herradura que cruzan los campos de San Agustín, con los aromas de cafetales, cañaduzales, platanales y piñales, que abundan en la región, así como las plantaciones tradicionales de los pisos térmicos templados, entre ellos el maíz.
El maíz fue clave dentro de las costumbres alimenticias de la cultura agustiniana. Varios vestigios carbonizados y encontrados en las excavaciones arqueológicas de la zona dan cuenta de que las mazorcas fueron su comida predilecta.
Y es que el agradable clima de la región posibilita al labriego, desde tiempos inmemorables, cosechar y recoger el maíz dos veces al año.
|
|
|
Por entre aquellos senderos pintorescos me decidí saltar la cerca de púas que protegía una plantación de piñas. Desde que me encontraba montado sobre el caballo negro que alquilé, me cautivó un piñita que recién nacía por entre un racimo de hojas puntilargas y carnosas, que se arquean hacia fuera; una mata bajita y sin tronco.
Me la robé. La arranqué con poco cuidado porque, más tarde, me di cuenta de que me sangraba el índice de la mano izquierda. Monté de nuevo a Agustín y partí entre el olor dulce que despedía la piñita coronada con un penacho de hojas verdes y de bordes puntudos. |
|
|
|
|
|
|
|
Yo hubiese querido esa noche pernoctar a los pies de La Chaquira. Y admirarla bajo la Luna llena más grande de los últimos años –nada de que el satélite se encontrara más cerca de la Tierra; la NASA se encargó de informar que correspondía sólo a un efecto óptico-. ¿Acaso qué hotel podría brindar una habitación a cielo abierto con vista al Valle del Magdalena y sus cascadas, acompañado de una piedra piramidal labrada por sus tres costados hace poco más de mil años, y con servicios de Luna redondota y blanquecina y, como cóctel de bienvenida, un solsticio de verano? |
|
La Chaquira la vi por última vez ese martes 21 de junio, cuando avanzaba la noche, y me decidí por acudir al hotel de un amable agustiniano que distinguí un par de días antes en el Congreso Internacional de Turismo Arqueológico.
Pedro Nel es un tipo rebuscador, como muchas de las personas de San Agustín. Ofrece toda clase servicios turísticos, comercializa con artesanías y hasta le jala a los sistemas: me vendió un CD ROM, por módicos diez mil pesos, moneda corriente, con información básica del pueblo y su milenaria cultura y un archivo de fotos estupendo. |
|
|
Su hospedaje se llama Imperio y muy a pesar de lo pretencioso que pueda sonar, es una finca casona con cerca de una decena de habitaciones amplias y con servicio de restaurante. Es un lugar típico muy recomendable, además de ser económico.
El desarrollo turístico que por años ha mantenido San Agustín y que hoy día se pretende fortalecer, permite que el turista cuente con varias alternativas de hospedaje. Tanto en el casco urbano como en los alrededores, muy cerca del pueblo, el visitante hallará una veintena de hoteles con diversos precios. |
|
|
El plan de Posadas Turísticas, impulsado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo dentro del programa “Vive Colombia, Viaja por Ella”, también se puso en marcha en este sitio Patrimonio de la Humanidad y es una opción que el viajero no puede descartar.
Así como no es preciso descartar de tajo pasar una noche sin más que una buena ruana de lana de ovejo y la infinidad de lucecitas brillantes que inundan la bóveda negra del cielo. Y claro, el alma y la mente abiertas dispuestas para lo que pueda pasar. San Agustín no es la misma cuando se sobreviene la noche. |
|
Congreso Internacional de Turismo Arqueológico
|
|
Con el firme propósito de darle un fuerte empujón al sector turístico de San Agustín e Isnos, municipios del sur del departamento de Huila y proclamados como Patrimonio de la Humanidad, por parte de la UNESCO, se llevó a cabo el Congreso Internacional de Turismo Arqueológico en esta importante zona colombiana.
Importantes conferencistas internacionales, así como expertos colombianos en materia de gestión turística en sitios arqueológicos, trataron diversos temas sobre el cuidado, preservación, promoción y desarrollo de los centros arqueológicos.
Para la ministra de Cultura, Consuelo Araujo Castro, dos objetivos tiene el Congreso. El primero, “contribuir a la revitalización del turismo hacia San Agustín e Isnos”, para lo cual “ya se viene trabajando desde hace dos años con caravanas turísticas en conjunto con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y con algunas universidades.
|
|
|
|
|
 |
|
Los balcones, típicos de la época colonial, son una de las principales atracciones de La Candelaria.
|
Es difícil que un bogotano no haya pasado por lo menos una vez en su vida por La Candelaria, ese barrio que colinda con los cerros de la capital, lleno de historia, de casas de colores, de las sedes de varias de las más importantes universidades del país y de escenarios culturales (entiéndase teatros, museos y casas de famosos literatos, músicos y políticos).
Es difícil que un bogotano no haya pasado por lo menos una vez por La Candelaria y que un colombiano de cualquier región no haya visto por lo menos una foto del lugar.
Pero a pesar de que muchos dicen conocer este histórico barrio, sobre todo aquellos que viven, estudian y trabajan en él, la realidad es que pocos saben a ciencia cierta cuántos escritores vivieron, crearon y murieron en allí. Cuántos fantasmas escondidos todavía lo habitan o cuánto años tienen sus casas y cuál fue la historia nacional que se desarrolló en sus calles.
Una razón suficiente para que un grupo de amigos de La Candelaria, reunidos en un proyecto que lleva como nombre: Oficina de Sueños, decidieran crear "Candelaria para todos", una propuesta que invita a propios y extraños, a quienes se creen sabios y a quienes se declaran ignorantes en la zona, a conocerla mejor pero a través de un recorrido turístico con guía, dramatización y oblea o helado incluido.
 |
|
Ésta fue la casa del escritor José María Vargas Vila. Ahora en ella viven varias personas, entre familias, estudiantes y artistas.
|
La Candelaria, un barrio con historia
Pero antes de hablar de los recorridos recordemos la historia básica (que todo colombiano debe saber) de La Candelaria. Su fundación se remonta al siglo XVI. Fue Don Gonzalo Jiménez de Quesada quien se atrevió a crear un pequeño caserío de 12 chozas en lo que hoy se conoce como la Plaza de Bolívar. Chozas que se fueron extendiendo a las faldas de la montaña y que hacen parte de La Candelaria.
En ella tuvieron asiento las principales instituciones de la corona española como la Casa de la Curia, la Real Audiencia Española, la sede del Virreinato y del Cabildo. Por eso en la actualidad alberga las edificaciones más antiguas de la ciudad, entre ellas El Teatro Colón que empezaron a construir en el año de 1885 y sólo diez años después fue entregado; el Observatorio Astronómico que fue construido por José Celestino Mutis; la Casa del Virrey Solís, el Colegio Mayor de San Bartolomé, el Colegio de Nuestra Señora del Rosario y la Casa del Marqués de San Jorge.
 |
|
En pequeños grupos y con un guía es posible caminar La Candelaria y descubrir sus historias escondidas.
|
La lista aún no termina: el Capitolio Nacional, el Palacios de Nariño, el Palacio de San Carlos, la Iglesia del Carmen, la Iglesia de Santa Clara, la Iglesia de las Aguas, la Capilla del Sagrario y la Catedral Primada de Bogotá. Razones suficientes para que en 1963 el gobierno declarara esta localidad como Monumento Nacional. Además, sus calles fueron testigo de hechos claves como los ocurridos el 20 de Julio de 1810 y el 9 de abril de 1948.
 |
|
Al frente del que fuera el hogar de Rafael Pombo, está uno de sus más famosos personajes, 'Simón el Bobito'.
|
De recorrido
"Escritores y poetas", "Plazas y plazoletas", "Gregorio Vásquez de Arce y Cevallos", "Misterios por resolver", "Fantasmas y aparecidos", "Casas Vivas", "Eje Ambiental - Espejo de Agua: fuentes de agua e historia", "Noches Románticas", "Iglesias y sus secretos", "Recorrido de Pintores y Escultores", "Puertas, Balcones y Ventanas", "Pasos de la Independencia", "Plazas y plazoletas", "Santa Fe Virreynal", "El hábito sí hace al monje" y "Primeras aulas", son algunos de los temas que tienen los paseos por La Candelaria.
 |
|
Al frente del que fuera el hogar de Rafael Pombo, está uno de sus más famosos personajes, 'Simón el Bobito'.
|
En pequeños grupos (para que todo el mundo escuche, pregunte y disfrute del paseo como si fuera de carácter individual), las personas que se matriculan pueden disfrutar, por ejemplo, del recorrido: "Poetas y escritores", que les permite caminar por las calles de La Candelaria y descubrir la historia del poeta José Asunción Silva -además de conocer su casa ubicada en la Calle 14 No. 3-41, donde en la actualidad se siguen leyendo poemas y reuniendo escritores-; la casa de José María vargas Vila, el polémico autor de "Aura o las violetas" y que en la actualidad está habitada por varias familias; ó la casa de Rafael Pombo, el escritor que es conocido por sus cuentos para niños (por eso no es extraño encontrarse con 'Simón el Bobito' tratando de pescar en un platón) pero que fue uno de los más prolíficos e importantes autores colombianos de todos los tiempos.
 |
| Entre las calles de La Candelaria, se encuentran pequeños callejones cerrados que esconden casas con extrañas historias. |
Un divertido recorrido, con un guía a la cabeza que de manera amable cuenta anécdotas sobre los diversos temas y que apoya sus historias con dramatizaciones (que realizan actores calificados) para que quienes disfrutan del recorrido se transporten al pasado.
Hasta el momento, los recorridos han sido un éxito, según dicen sus organizadores, y no es para menos. La Candelaria encierra tantas historias y tanta historia de Bogotá y el país, que siempre será grato poder recorrer sus calles sin afán y de paso escuchar lo que allí se vivió.
TUNALIM...Alıntı:www.colombia.com
|
|
|
|